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Ansiedad · 10 min de lectura

Duelo por la muerte de un ser querido: cómo superé el mío

El duelo por la muerte de un ser querido no se supera fingiendo fortaleza. Te cuento cómo viví la pérdida de mi padre, qué me ayudó y cuándo pedir ayuda.

Maggie PulidoPsicóloga clínica

· Actualizado el 12 de octubre de 2026

Anxiety
En este artículo

El duelo por la muerte de un ser querido es uno de los procesos más dolorosos que podemos vivir, y cada persona lo atraviesa a su manera. Te cuento cómo viví la pérdida de mi padre, qué me ayudó a sanar y cómo saber cuándo un duelo necesita acompañamiento profesional.

Muchas personas, por no decir todas, deseamos tener un trabajo estable, dinero en la cuenta, muchos amigos y una relación amorosa perfecta. Sin embargo, aunque deseemos tanta felicidad, debemos aceptar que nuestra vida va a estar llena de altibajos: momentos buenos, momentos malos y una gran mezcla de emociones. Y eso está bien.

Mi experiencia con la pérdida de mi padre

Todas las personas hemos vivido momentos dolorosos que han traído consigo una gran variedad de emociones y sentimientos. Muchos hemos perdido a seres queridos con quienes compartíamos nuestros días, en circunstancias muy diversas, y cada proceso es individual y único.

Mi experiencia con la pérdida de mi padre fue una mezcla de sensaciones difíciles de asimilar. Realmente nunca estuve preparada para enfrentar la ausencia de una de las personas más importantes de mi vida. Una situación de caos estaba sucediendo en la vida de mi familia y en la mía.

Mi primera reacción ante la muerte de mi padre fue intentar seguir con mi vida, reteniendo el dolor que sentía. De cierta forma sentía la responsabilidad de dar fortaleza a los demás a mi alrededor, y muchas veces vivía el día a día con un vacío en mi interior. Traté de llevar un proceso muy tranquilo; sin embargo, me preocupaba que los demás pensaran que yo no sentía dolor. Cuando alguien me preguntaba por mi padre, mi corazón latía con gran rapidez y fuerza, mis pensamientos se bloqueaban, y mi respuesta siempre fue contenerme e ignorar las lágrimas que pedían a gritos salir.

También me resultaba muy difícil imaginar mi vida sin mi padre. Pensar en mi graduación sin él presente me generaba mucha angustia y tristeza. No podía dormir bien, en muchos momentos dejé de pensar en mi futuro y en mis sueños, me sentía desmotivada y, a la vez, preocupada hasta por los pequeños detalles.

Otra de las sensaciones difíciles que me trajo este proceso fue la intensa intranquilidad diaria por la idea de perder a mi madre o a mi hermano. Pensar que podía quedarme sola me daba mucho temor. Recuerdo que, después del fallecimiento de mi padre, tuvieron que operar a mi madre en el mismo lugar donde él se fue. Volver a ver las puertas de ese hospital hizo que me costara respirar y me doliera el pecho; mi corazón se aceleraba, mis manos no dejaban de sudar, mis pensamientos iban a mil.

Me encontraba sola en una sala de espera con una gran sensación de intranquilidad, hasta que escuché la voz de mi hermano, que en ese momento vivía en otra ciudad. No pude aguantar más las lágrimas y me derrumbé. Afortunadamente todo salió bien, pero a partir de ese día entendí que necesitaba ayuda: no iba a lograrlo sola.

Lo que aprendí en terapia sobre el duelo

He tenido un proceso terapéutico sensible y con un impacto muy bonito en mi vida, en el que he podido sanar muchas heridas y recuperar mi tranquilidad. Con la ayuda de mi terapeuta entendí que es fundamental no darle importancia a las opiniones externas: la única que sabe el dolor que estoy sintiendo soy yo. También entendí lo importante que es rodearte de personas empáticas que te ayuden a elaborar un duelo sano, personas con las que no sea incómodo vivir tu dolor, porque sentir dolor está bien, al igual que llorar.

Aprendí a vivir mi presente, apreciando cada uno de los momentos que paso con las personas que tanto amo, cumpliendo esos sueños que no son solo míos sino también de mi familia y, por supuesto, honrando a mi padre con cada cosa que hago y sintiendo el amor que siempre nos tuvimos, nos tenemos y nos tendremos.

Al principio pensé que podía superar este gran dolor solo dejando que el tiempo pasara, viviendo como si nada hubiese ocurrido. Tanto así que no supe que esas emociones guardadas podían hacerme daño, mental y físicamente. El espacio de terapia es un lugar seguro donde podemos aprender sobre quiénes somos y crecer como personas. En terapia adquirimos herramientas para sanar nuestras heridas y para seguir enfrentando los desafíos que están por venir.

Para mí sigue siendo muy difícil vivir la ausencia de mi padre, pero tengo la certeza de que está conmigo en cada paso que doy, acompañándome y guiándome.

Qué es el duelo por la muerte de un ser querido

El duelo es la respuesta natural ante la pérdida de alguien a quien amamos. No es una enfermedad ni algo que haya que «superar» rápido: es el proceso a través del cual vas aprendiendo a vivir con esa ausencia y a reorganizar tu vida sin la presencia física de esa persona. Y no todos los duelos son por una muerte: también se vive uno al dejar tu país, del que te hablo en duelo migratorio.

Como viste en mi historia, el duelo por la muerte de un ser querido no se vive solo en las emociones. Puede manifestarse de muchas formas:

  • Emocionales: tristeza profunda, vacío, culpa, rabia, miedo o incluso alivio, si hubo una enfermedad larga.
  • Físicas: cansancio, cambios en el apetito, dificultades para dormir, opresión en el pecho o palpitaciones.
  • Mentales: dificultad para concentrarte, pensamientos que vuelven una y otra vez a la persona o a cómo murió, preocupación intensa por perder a otros seres queridos.
  • En la conducta: aislarte, mantenerte ocupado todo el tiempo para no sentir o, al contrario, dejar de hacer las cosas de siempre.

El duelo no sigue un camino recto. Hay días en los que parece que avanzas y otros en los que el dolor vuelve con fuerza, por ejemplo en fechas especiales. Es normal. Lo importante es que, con el tiempo, el dolor vaya dejando espacio para recordar a esa persona con amor y para volver a mirar tu propia vida.

Cuándo el duelo se complica

El proceso de pérdida de un ser amado es muy complejo, lleno de dificultades e interrupciones. A veces el duelo por la muerte de un ser querido se queda detenido o se complica, y puede desarrollarse un trastorno de ansiedad o una depresión que necesita ayuda psicológica. Algunas señales a las que conviene prestar atención son:

  • Pasan muchos meses y el dolor sigue igual de intenso, o va a más.
  • No logras aceptar que la persona ha muerto o evitas todo lo que te la recuerda.
  • Te cuesta funcionar en tu trabajo, en tus estudios o en el cuidado de ti y de tu familia.
  • Aparecen síntomas de ansiedad muy intensos, como los que viví en la sala de espera de aquel hospital, o una preocupación constante por perder a otras personas. Aquí te explico cuándo la ansiedad es un problema.
  • La tristeza se vuelve constante, pierdes el interés por casi todo y sientes que nada tiene sentido. Te puede servir leer sobre la diferencia entre tristeza y depresión.
  • El insomnio se mantiene en el tiempo. Si es tu caso, aquí hablo del insomnio por ansiedad.
  • Empiezas a usar alcohol u otras sustancias para aguantar el dolor.

Si aparecen síntomas físicos como dolor en el pecho o dificultad para respirar, consulta con tu médico para descartar causas médicas. Y si en algún momento sientes que estás en peligro, contacta de inmediato con los servicios de emergencia de tu país.

Qué ayuda a elaborar un duelo sano

No hay una forma correcta de vivir un duelo, pero sí hay cosas que ayudan. Muchas de ellas las aprendí en mi propio proceso:

  • Permitirte sentir. Llorar, hablar de la persona, sentir rabia o tristeza. Contener el dolor, como hice yo al principio, no lo hace desaparecer: lo guarda para después.
  • No hacer caso a las opiniones externas. Nadie más sabe lo que estás sintiendo ni cuánto tiempo necesitas.
  • Rodearte de personas empáticas, con las que puedas estar triste sin sentirte incómodo ni tener que aparentar fortaleza.
  • Cuidar tu cuerpo: dormir, comer y moverte lo mejor que puedas, aunque sea poco a poco.
  • Encontrar formas de honrar a tu ser querido, con rituales, recuerdos o acciones coherentes con lo que esa persona significó para ti.
  • Volver poco a poco a tu vida y a tus sueños, sin sentir que con eso traicionas a quien se fue.
  • Pedir ayuda cuando sientas que no puedes sola o solo.

Es importante aceptar que durante toda la vida vamos a atravesar momentos difíciles, agridulces y desafiantes. Pero también es importante identificar los momentos en los que nos sentimos vulnerables y podemos necesitar ayuda, y entender que no estamos solos, que no somos perfectos, que somos seres humanos y que pedir ayuda está bien. Si quieres saber cómo funciona, aquí te explico en qué consiste la terapia psicológica online.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un ser querido?

No tiene una duración fija. Depende del vínculo con la persona, de cómo murió, del apoyo que tengas y de tu propia historia. Es normal que el dolor dure meses y que reaparezca con fuerza en fechas señaladas. Más que contar el tiempo, conviene observar si con los meses el dolor va dejando espacio a tu vida o si sigue igual de intenso e impide que funciones.

¿Es normal sentir ansiedad durante el duelo?

Sí. La pérdida de alguien cercano puede despertar mucha ansiedad: miedo a que otros seres queridos mueran, palpitaciones, dificultad para respirar o para dormir. Yo misma lo viví. Si los síntomas físicos son intensos, consulta con tu médico para descartar otras causas. Y si la ansiedad se mantiene o te impide hacer tu vida, conviene trabajarla con un profesional.

¿Cuándo es recomendable ir a terapia por un duelo?

No hace falta esperar a que el duelo se complique. Puedes buscar terapia si sientes que estás conteniendo el dolor, si no tienes con quién hablar de tu pérdida o si quieres un espacio solo para ti. Es especialmente recomendable cuando la tristeza o la ansiedad no ceden con el tiempo, te cuesta funcionar en tu día a día o aparecen pensamientos de que nada tiene sentido.

¿Cómo puedo acompañar a alguien que está en duelo?

Estando presente sin intentar quitarle el dolor. Escucha, permite que hable de la persona que perdió y evita frases como «tienes que ser fuerte» o «ya deberías estar mejor». Ofrece ayuda concreta en lo cotidiano y respeta sus tiempos. Si notas que pasan los meses y su malestar no mejora, o que se aísla cada vez más, anima a esa persona, con cariño, a buscar ayuda profesional.

De esta salimos juntos

— Maggie

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Primer plano de Maggie Pulido sobre fondo lila de estudio

Escrito por

Maggie Pulido

Psicóloga clínica. Más de 15 años acompañando en terapia a personas con ansiedad, desde la terapia cognitivo-conductual y la de aceptación y compromiso. Sesiones online y en español.

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